Skip to content

adnsense

¿Qué valor tienen las horas que pasas escribiendo en tu blog, diseñando en tu web o administrando en tu foro?

 

 

Nos involucramos en estas lides porque queremos hacernos oír, o en este caso, leer. Compartir y sentir que eres parte de algo, de un colectivo que se te asemeja o al que te asemejas, según tu nivel de vanidad. (Y quien escribe lo cuenta porque así lo vive.) Al final, por lo mismo que te haces socio de un club de fútbol, de una ONG cualquiera, de la asociación de vecinos de tu barrio o del grupo de los domingos que practica un no-se-qué en no-se-dónde.La red ofrece medios de comunicación donde puedes expresar tu voz a través de la palabra escrita. No significa eso que sea leída, pero al menos, sí es expresada. Así que te lías la manta a la cabeza y empiezas. Primero un párrafo, luego dos y al final, todo un ensayo, más o menos bien escrito, pero que eres tú, con tu particularidad y tu experiencia.Y llega Adsense. Cientos de sitios donde SEOs avezados y avanzados recomiendan su uso te intrigan. Capturan tu curiosidad mil consejos del qué hacer, cómo hacer, pero sobre todo, qué no hacer para no cabrear al Señor del Clic.Y tú, con tus cientos de lectores diarios y tus páginas-vista recorres el ritual del registro, de la ilusión de un prometedor futuro como e-scritor. Inicias tu andadura como redactor en busca del céntimo misterioso. Cada día que pasa buscas la manera de escribir algo que siga la línea de tus artículos más exitosos, de los más votados, de los más meneados o bitacoreados (según tu preferencia). Llenas tus artículos de negritas, haces uso y abuso del H1, H2, H3 y hasta del Hn, como si de una función algorítmica que explotara el éxito se tratase.Comentas, participas, construyes redes y subredes; sigues y eres perseguido; tienes amigos y hasta algún detractor que pierde el tiempo en ser el yang de tu yin; tu grillo en tu conciencia virtual. Pero cada noche, al entrar con renovada ilusión, después de arrebatar horas a tu descanso, horas a tu familia, horas a tus aficiones, en el Adsense, llega a tus ojos la misma decepción.0,35 ó 0,49 ó 0,94 ó 1,12 (¡con suerte!)… horas e ilusiones pagadas al milipeso. CTRs y CPMs y TGs (Trabajo Gratuito nunca cobrado) que rozan la avaricia más espuria, como si Adsense se hubiera convertido en el nuevo ortodoxo medieval del a Dios rogando y con el mazo dando.Hoy haces un clic curioso en esa publicidad que con mucha, pero muchísima suerte, tiene algo que ver con tu blog y recibes un correo amenazante. Mañana conciertas publicidad de una empresa muy interesada en lo que haces y otro correo pseudoamenazante (si eres un quisquilloso malinterpretador). Pasado un par de días, y para tu sorpresa, algunos blogs con los que colaboras (tú y otras decenas de bloggers) aparecen misteriosamente etiquetados como spam por un programa automático que, como en las películas americanas sobre los falsos culpables, acusa y castiga aun sin pruebas (Poetas de Hoy, por ejemplo).Pero insistes y persistes. Aprendes mucho sobre el SEO, sobre las negritas y los blanquitos, las palabras claves y las llaves maestras, el posicionamiento y el ocultamiento y, sobre todo, a decir lo que no te apetece decir pero que se dice porque quizás haga subir tu CTR o tu CPM o tu estatura media, que cualquier ilusión de este tipo es cosa igual.Hasta que un día, con 2.000 impresiones de media, más de 1.000 visitantes únicos estimados (en el conjunto de tu red de contenidos), acabas hasta los mismísimos motivos que te llevaron por ese camino. E inicias el proceso de desmontaje. Primero todos aquellos bitácoras creados con el único motivo de tener contenido circulante, cual capital invertido en busca de su 0,5% TAE, caen en el botón del suprimido.Luego viene la remodelación de aquellos blogs que aún mantienes, más por romanticismo y porque, a fuerza de escarbar entre la miseria virtual del avaro sistema, vuelve a aparecer el gusto de escribir por el placer de escribir. De quejarte si apetece o de celebrar y compartir si se desea. Pero a teclear por el gusto de teclear, en definitiva. Se lea o no se lea, esa ya no es la cuestión. Y luego de los blogs vendrán las webs, que sólo esperan al último pago del Ebenezer Scrooge de las finanzas publicitarias.Y habrá que quitar el esclavizante script de Analytics y liberarse de la obsesión de la palabra clave, de la web que enlaza, de la resolución o el navegador que más se usa y de todo aquello que Adsense no te paga. Luego, martillo y cincel en mano, habrá que desmontar redes, subredes y cuasiredes de cuasiamigos, amigos y desconocidos a miles.Al final, tras la satisfacción de lo destruido, queda la bienvenida al lector que ya no es presa de un cazador estresado en busca de un clic esquivo y siempre bajo duda. Ahora el éxito habrá que medirse en satisfacción. En agradecimiento al que lee y al que comenta. Ahora el éxito será tener un medio para la expresión y la opinión, sin censura y sin necesidad.Y Adsense… quédate con tus céntimos (y no soy el único ni el más pequeño), con tu arrogancia y con tus imposiciones, que yo me quedo con tus hermanos, con Blogger, con Earth y con GMail, herramientas por las que sí estoy muy agradecido a Mr. Sgrooge. Útil y usadamente agradecido.Quizás con suerte e insistencia consiga lijar mi estilo, afinar mi puntería, refinar mi ironía y construir algo por lo que una publicidad alternativa tenga interés y dé algún ingreso extra para el que se esmera y firma. Que eso nunca se rechaza, en el fondo.(Sí. Tienes razón. Finalmente no es sino una pataleta ante el escaso valor que Adsense da a mis clics. 🙂

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *